http://www.javiermarias.es/blog.html - Feb 9, 2012 3:35:21 AM - Nov 28, 2004 8:43:21 PM
Last fetch attempt was insuccessful.
Reason: Timeout was reached
domingo, agosto 03, 2008
Fotos y vídeos de las ponencias de Javier Marías y Elide Pittarello en "Lecciones y Maestros"
sábado, septiembre 13, 2008
Javier Marías en Babelia
LoredanoEl escritor opina sobre la autoficción en el reportaje El Yo asalta la literatura, de Winston Manrique Sabogal, en Babelia, el suplemento cultural de , de este sábado 13 de septiembre de 2008.
domingo, septiembre 07, 2008
LA ZONA FANTASMA. 7 de septiembre de 2008. ¿Por qué tantas mujeres están tan furiosas?
Uno de los mayores tópicos soltados por mujeres desde hace decenios –también por varones a los que esas mujeres convencen y hacen cautivos– consiste en la idea de que los pobrecitos hombres ya no saben qué hacer ni cómo conducirse y andan acomplejados y desorientados. Es rara la entrevista con una actriz, escritora o cantante en la que éstas no expresen en algún momento su conmiseración, si no desprecio, por los integrantes del sexo masculino. Tampoco es raro oír estos comentarios en diálogos de películas o de televisión, así como, en la vida, chistes despectivos o maternalistas y descalificaciones globales: "los hombres son tan simples", o "sólo piensan con la polla", o "son un mal necesario", por mencionar tres lugares comunes que, cuando dichos u oídos, parecen reconfortar a muchas mujeres. Y cuando éstas repiten por enésima vez estas nociones trilladas, los varones no protestan ni se ofenden, y en cambio la mayoría de ellas ríen invariablemente la supuesta y novedosa gracia. Así que hoy nos encontramos con una situación curiosa: las mujeres pueden echar pestes de los varones en su conjunto sin que nadie se escandalice ni queje ni llame la atención a las denostadoras, mientras que cualquier chascarrillo equivalente por parte de un hombre le acarrearía perder su empleo (si es un profesor o un político, por ejemplo) o caer en el descrédito.Pero no es este desequilibrio lo que me preocupa. Al fin y al cabo, durante siglos fueron los varones los que hicieron burla de las mujeres, los que las tildaron de tontas e incapaces y les negaron el voto y antes el alma. Quizá no tenga mucho de particular que ahora haya un buen grupo de ellas –sin duda las más elementales– que deseen resarcirse y aun tomarse la revancha. Son las más miméticas, las que piensan "Ahora nos toca a nosotras" y lo pasan en grande copiando las actitudes de los hombres más brutos del pasado, sólo que dándole la vuelta a la tortilla. Lo que me parece preocupante no son estas mujeres que –aunque de modo rudimentario– tanto se divierten, sino el gran número de ellas que, por el contrario, se diría que viven en la permanente furia.El último artículo que aquí publiqué antes de mi respiro de agosto hablaba de las antiguas esposas y madres que se veían confinadas al exclusivo ámbito doméstico, y condenadas a conocer el resto del mundo sólo de manera indirecta, a menudo a través de sus maridos; y lamentaba que a lo largo de la historia fueran tantas las generaciones que se habían visto obligadas a desperdiciarse. Y decía, entre otras cosas: "Cuántas existencias dedicadas a procrear y a proteger y a formar a los jóvenes miembros de la especie, tarea admirable, pero limitada y con fecha de caducidad". Había simpatía y lástima por esas existencias "recortadas", en muchos casos no elegidas sino impuestas o heredadas. Pero las cartas furiosas no se hicieron esperar: algunas se han leído aquí, otras me fueron remitidas. Se me ha acusado de denigrar a las esposas y madres de la historia entera, se me ha espetado que muchas amas de casa eran sin embargo cultas y leían la prensa y muchos libros (como si eso no fuera conocer el mundo de manera indirecta), que he faltado al respeto a quienes han llevado y llevan a cabo la más importante misión de la humanidad, la de dar a luz hijos y criarlos, y hasta una señora se ha empeñado en que yo había insultado personalmente a su madre (Dios me libre). Añadía yo en mi pieza esta frase: "Imaginar hoy a una mujer que por elección no trabaje, o sin vida propia, produce bostezos ...", lo cual, es evidente –mis artículos son de opinión–, quiere decir que a mí me los produce. Alguien que me hablara sólo de sus niños y de sus problemas domésticos y vecinales –o de lo que ve en la tele, que a fin de cuentas es un electrodoméstico– me aburriría mucho, qué quieren.Mi columna era, en suma, una deploración por el papel secundario, casi ancilar, que se ha asignado a demasiadas mujeres, y una incitación a las actuales a seguir la senda ya emprendida por la mayoría: a no conformarse con eso, a sentirse en igualdad de condiciones con los hombres, a no permitir que sean ellos quienes les cuenten y muestren la vida y el mundo, ni tampoco sus hijos ya crecidos; a no agacharse ni resignarse. Pues bien, no quiero ni imaginar las cartas que habrían llegado si hubiera hecho yo una loa del ama de casa, y hubiera manifestado lo que las mujeres que me han escrito han afirmado: que las meras esposas y madres son divertidísimas, que están al tanto de todo aunque nunca hayan trabajado fuera de sus hogares, que sus maridos no sólo no se aburren con ellas, sino que están contentísimos de que hayan optado por la vida familiar y hayan renunciado a casi cualquier otra. Diga uno lo que diga sobre cuestiones concernientes a una parte u otra de la población femenina, salen mujeres furiosas de debajo de las piedras. Esto es lo que me parece más preocupante, porque empiezan a recordarme a los nacionalistas más fanáticos, los cuales sostienen que nadie que no pertenezca a su casta puede entenderlos (como si el nacionalismo fuera complejo), ni opinar, ni hablar de ellos. A lo cual hay que responder que no hace falta ser gallina para saber si un huevo está podrido. Sólo faltaría que la mitad de la humanidad no pudiéramos decir una palabra sobre la otra mitad, la que nos completa., 7 de septiembre de 2008sábado, septiembre 06, 2008
Recuerdos de este fusilero
Benjamin Harris (1781-1858) formó parte del 95° Regimiento de Fusileros y con él combatió en España integrado en el ejército del duque de Wellington durante la Guerra de la Independencia. Este libro es un conjunto de recuerdos de su vida como fusilero, dictados a un antiguo capitán de infantería que se convirtió en su amanuense (Harris era analfabeto) y editor años después de regresar a la vida civil.En España no existen documentos de este tipo de ese periodo, lastimosamente, pero la mirada de este hombre sobre la guerra, sin otra intención que la de hilar una serie de anécdotas sobre la vida del soldado en campaña y de los enfrentamientos feroces entre franceses e ingleses, pues los españoles apenas si aparecen de refilón, es una mirada impresionante en lo que tiene de testimonio sobre la dureza y brutalidad a ras de suelo y de grado de una guerra decimonónica. El relato es llano y directo y corresponde a una mente simple y valerosa que acepta la guerra, con sus atroces escenas y penalidades sin cuento, como un hecho inevitable.El valor de este relato, tan entretenido como dramático, es el de entregar sin tapujos el punto de vista del soldado raso y patriota. Este aspecto del orgullo patriótico es singular como documento y testimonio de la mentalidad de una época. La relación, por ejemplo, de la penosa retirada hacia La Coruña se convierte en un ejercicio de supervivencia hasta el límite de la vida. De hecho, es la moral de la supervivencia la que se impone a todo otro valor en un ejercicio espeluznante y ejemplar de realismo vital, lo que no empaña el compañerismo, el dolor y la compasión, pero siempre subordinados a la supervivencia. En su conjunto, un cuadro vivo de escenas reales, convertido en historia y experiencia a la vez, ciertamente ejemplar.JOSÉ MARÍA GUELBENZU, 6 de septiembre de 2008HIMNO DE REDONDA
Himno Nacional de Redonda, compuesto por Leigh Henry (1949) y cantado por Nicholas Clapton (2001)
martes, septiembre 02, 2008
Café de medianoche
domingo, agosto 31, 2008
Las increíbles memorias del capitán Contreras
Reseña de Juana Rosa Pita sobre el libro Vida de este capitán de Alonso de Contreras, editado por Reino de Redonda, publicada en la edición del 6 de julio de 2008 de El Nuevo Herald (Miami).lunes, agosto 25, 2008
Entrevista a Javier Marías
sábado, agosto 23, 2008
Esta absurda aventura
Así como cae dentro de lo muy previsible que un editor acabe desesperándose al ver durante años cómo sus autores se llevan la mayor porción de gloria y de fama -que no de dinero-, y se lance a escribir, preferentemente memorias ensimismadas o viñetas de los escritores que lo hicieron rico, es mucho más raro que un novelista se meta a editor, y supongo que es por eso por lo que se me pide que hable aquí un poco de Reino de Redonda, seguramente la editorial más pequeña y pausada del Reino de España, ya que publica tan sólo dos títulos al año, o a lo sumo tres. Además, no tiene sede más que nominal, ni plantilla, ni equipo, ni colaboradores externos, ni encargado de prensa ni nada por el estilo. La formamos dos personas, una en Madrid, que soy yo, y otra en Barcelona, Carme López Mercader, que es la encargada de las ediciones, es decir, de que los libros existan. La distribuidora Ítaca me hace el favor de colocar algunos ejemplares en las librerías, y mi agente literaria Mercedes Casanovas me echa una generosa mano en la contratación de derechos (cuando los hay). Y sin duda ha de ser la única editorial que no hace cuentas: sé que es deficitaria, porque sus volúmenes están cuidados, llevan muy buen papel y encuadernación, y a los ocasionales traductores les pago el máximo y, si lo desean, la mitad por adelantado, pues no en balde fui yo traductor en su día y habría deseado ese trato para mí. Aun así ponemos a los libros precios razonables, y aun así no se venden mucho. La única forma de no deprimirse en exceso y arrojar la toalla consiste en ignorar a cuánto ascienden las pérdidas anuales y generales (siempre he odiado saber cuánto gano y cuánto gasto). Me basta con comprobar que el Reino no se arruina por ello y sigo adelante, hasta que me canse, me aburra, o la excesiva indiferencia de los suplementos literarios me obligue a echar el cierre: si ni siquiera los lectores se enteran de la aparición de un título, qué sentido tiene.Hasta la fecha Reino de Redonda ha publicado dieciséis. El CulturalEl Mundo, por ejemplo, no se ha dignado -cuesta creer que no haya deliberación- sacar reseña de ninguno de ellos, a lo largo de ocho años. El único suplemento que les suele hacer caso es Babelia, tal vez por la proximidad de mi firma, domingo tras domingo, en (sea como sea, gracias mil). Los demás acostumbran a ser rácanos. Habituado a no incurrir en el mal gusto de solicitar críticas y atención para las obras que publico como autor, me cuesta hacerlo para las que saco como editor, y empiezo a pensar que si uno no da la lata, llama, promociona, ruega, amenaza e insiste, mal lo tiene para que su catálogo suscite interés en los medios especializados. Da lo mismo que uno lance a las librerías rescates fundamentales de autores fundamentales (Isak Dinesen, Conrad, Hardy, Yeats, Sir Thomas Browne, el Capitán Alonso de Contreras o el gran Sir Steven Runciman) o que suelte textos interesantísimos desconocidos en español (Viaje de Londres a Génova de Baretti, los cuentos de Vernon Leelos recuerdos del fusilero Harris que combatió en la Guerra de la Independencia). Si uno no hace relaciones públicas ni pide favores, será difícil que alguien, en las redacciones, se moleste ni en echarles un vistazo.Por todo ello, y por la parsimonia del proyecto, en realidad no me atrevo a llamarme "editor". Me limito a recuperar maravillosos libros olvidados y a ofrecer algunos nuevos que en mi opinión deberían ser conocidos en mi lengua o en mi país -es el caso de los artículos de Jorge Ibargüengoitia, el extraordinario autor mexicano muerto en Barajas hace ya muchos años, que aparecerán con prólogo y selección de Juan Villoro-. Todos los volúmenes, eso sí, llevan su prólogo o presentación: algunos míos -qué remedio-, otros de gente afectuosa como Mendoza, Savater, Pérez-Reverte, Antony Beevor, Rodríguez Rivero o el Profesor Rico -bueno, éste aún me lo ha de escribir-. Todos ellos forman parte del jurado del Premio Reino de Redonda, que concede cada año a un escritor o cineasta extranjeros la editorial, añadiéndose déficit, para variar. Pese a que son también miembros del jurado George Steiner, Almodóvar, Coetzee, Rohmer, Alice Munro, William Boyd, Ashbery, a veces Coppola, Villena, Magris, Sir John Elliott, Lobo Antunes o Gimferrer, la cosmopolita prensa española apenas si se hace eco de él, mientras llena páginas con cualquier merienda de negros de cualquier editorial poderosa o institución oficial.¿Y las ventas? A diferencia de los editores de verdad, no tengo reparo en hablar de ellas. Nuestro best seller es La caída de Contantinopla 1453, que ha vendido cerca de cinco mil ejemplares, seguido a distancia por El espejo del mar de Conrad, Ehrengard de Dinesen y Vida de este capitán de Contreras, que van por la mitad. Los menos vendidos no llegan ni a mil ejemplares, y son, inexplicablemente, el mencionado Viaje de Londres a Génova, un divertido e inteligentísimo paseo por la España de Carlos III, La nube púrpura de M P Shiel -primer Rey de Redonda-, la novela que inauguró el subgénero "último hombre sobre la Tierra" que luego han copiado tantos, incluido el hoy famoso Richard Matheson de Soy leyenda, y los magníficos cuentos de El brazo marchito, de Hardy, que fueron mi primera traducción, allá por 1974. Tampoco los de Vernon Lee han alcanzado los mil lectores, quizá por ser tan extraña mujer como fue.Sólo dos libros al año, a lo sumo tres, como he dicho. Y sin embargo cada uno lleva tanto trabajo -sobre todo a la encargada de la edición- que ahora admiro a los editores mucho más que antes de iniciar esta absurda aventura, que desde luego trae más sinsabores que ser autor. ¿Cómo es posible que algunos saquen ochenta o cien títulos anuales, si aspiran a hacerlo bien? Claro está que la mayoría cuentan con equipos nutridos, plantilla fija y numerosos colaboradores externos a los que suelen explotar a fondo. Pero aun así. Quizá es que demasiados -por lo que leo últimamente publicado en nuestro país- han renunciado a hacerlo bien: textos lunáticos o pésimamente escritos que nadie parece haber corregido, traducciones desastrosas o demenciales hechas por gente que no sabe la lengua de la que traduce ni la suya propia, erratas sin fin... "Productos podridos", los llamé una vez, ante los que sin embargo nadie protesta en esta época de defensa de los consumidores. Ni siquiera los críticos, que pocas veces ya distinguen cuándo un libro está agriado. Lo que sale de Reino de Redonda es muy lento y modesto, pero al menos se puede tener la certeza de que está en buenas condiciones. Supongo que el verdadero destino de estas publicaciones es convertirse, de aquí a unos años, en objeto de coleccionistas, los cuales acaso busquen desesperadamente el título que les falte para completar su colección. "Doy lo que sea por Browne", dirán. "O por de Crompton, o por La mujer de Huguenin". A eso quizá se le llama trabajar para la posteridad. Les aseguro que en modo alguno era ésa mi intención.El País, Babelia, 23 de agosto de 2008Otros títulos de Reino de Redonda:Cuentos únicosEl crepúsculo celtaEl monarca del tiempo
viernes, agosto 22, 2008
Nuevo estudio de Alexis Grohmann sobre la obra de Javier Marías
En el n.30 de la revista Iberoamericana Alexis Grohmann, profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Edimburgo, publica "Literatura y trastorno o la alegoría de la narración en Javier Marías".
lunes, agosto 18, 2008
“Reputación busco, que no dinero”: La desaforada vida del Capitán Contreras
La autobiografía del capitán Alonso de Guillén Contreras (1582-1644?), militar, corsario y aventurero, escrita en su mayor parte en 1630, no se dio a conocer hasta 1900, cuando el erudito Manuel Serrano y Sanz, que la había descubierto en la Biblioteca Nacional de Madrid, la publicó en el Boletín de la Real Academia de la Historia. El tan exagerado como rigurosamente verídico relato de las andanzas de este soldado cubre los años 1597 a 1633, bajo los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe IV, y es un indiscutible triunfo de las letras españolas; de entrada, sin embargo, obtuvo más eco en el extranjero que en España, donde la Vida del capitán Contreras sólo empezó a ser leída y admirada de verdad a raíz de su reedición por Revista de Occidente en 1943, con un deslumbrante prólogo de Ortega y Gasset. Esta nueva edición anotada que publica ahora con su habitual esmero, la editorial Reino de Redonda de Javier Marías, recoge el imprescindible prólogo de Ortega y le antepone uno nuevo de Arturo Pérez-Reverte, buen conocedor de la obra y de la época, cuyo capitán Alatriste no en balde toma prestado más de un rasgo de carácter de Alonso de Contreras. El texto adoptado parece ser el de Revista de Occidente (no se ha partido del manuscrito), y las notas, que iluminan la obra sin abrumar, están basadas, según se indica, en las de Fernando Reigosa para la edición de Alianza de 1967 y las de Harry Ettinghausen para la de Bruguera de 1983.Militar y marino, práctico del Mediterráneo que recorrerá numerosas veces en misiones de reconocimiento o de corso, y del que levantará un Derrotero conservado asimismo en la Biblioteca Nacional, los sucesos y peripecias de la vida de Contreras son tan variados como extremos, y superan con creces los de los relatos picarescos, a los que inevitablemente, por época y circunstancias, recuerdan. El buen capitán llega incluso a hacerse ermitaño en un momento dado, para después vérselas con el Santo Oficio, acusado de querer alzar a los moriscos y proclamarse “rey” suyo, y algo más tarde, trabar amistad con Lope de Vega, quien le dedicó su comedia El rey sin reino (que algo debe a lo de la supuesta conjura morisca). Pero nada aquí es inventado, y apenas fabulado. Sorprende tanto la precisión y vividez de los recuerdos de Contreras como la calidad de su prosa, directa, concisa y sin florituras (como él mismo dice: “Ello va seco y sin llover, como Dios lo crio y como a mí se me alcanza, sin retóricas ni discreterías, no más que el hecho de la verdad”, p. 232), y al tiempo de extraordinaria riqueza, impregnada de la lengua franca del Mediterráneo de la época, a base de español, italiano, turco y griego, como acertadamente señala Pérez-Reverte. Pero más aún que el estilo, al lector le fascinará el retrato que ofrece Contreras de su tiempo al socaire de sus andanzas, así como la fineza de los retratos psicológicos que traza, empezando por el suyo propio.Para Contreras, hombre de acción, la vida es movimiento y riesgo constantes. No le mueve el afán de medrar, aunque en más de una ocasión intente, casi siempre sin éxito, que se le reconozcan sus servicios a la Corona, sino la búsqueda de la fama. Cuando se libra al corso, se precia más del eco de sus hazañas, y de que los turcos acaben poniendo precio a su cabeza, que de la parte que le corresponde de las presas que hace: sólo es dinero, que vuela rápido, entre timbas y lupanares. Buena parte de los muchos líos en que se mete se los procura ese afán de nombradía, como cuando en Nápoles, “en buena reputación” y “por no perder la opinión de levantes” (p. 76), accede a prestar ayuda en un lance a unos valencianos que resultan ser unos asesinos, viéndose él abocado a la huida por no acabar en la horca. A lo largo de esta vida desmesurada, Contreras mejora su condición y acrecienta su fama (su nombre, según nos dice, es conocido en la Corte y entre la gente), pero también va acumulando desengaños, en los que, sobriamente, se detiene tan poco como en sus triunfos. Uno de los rasgos más llamativos del personaje es la agudeza de su desencantada visión del mundo. No se llama a engaño por nada, y nada lo sorprende: ni los vaivenes de la fortuna, ni la mezquindad de los hombres (“…todos me daban el parabién, unos de envidia, otros de amor”, p. 191), ni la iniquidad y despropósitos de las autoridades (“Díjose, por cierto, que fue causa el Almirante, que no era marinero ni había entrado en la mar jamás. Llamábase Fulano Figueroa y después, para enmendarlo, le hicieron Almirante de una flota por sustentar el yerro primero”, p. 211). No es resignación: es lucidez. Con el mismo laconismo trata de las traiciones que le hacen y de las penalidades que sufre, en la guerra o en prisión, o en los lances del amor (a menudo venal, como corresponde a un soldado). Véase, por ejemplo, con qué sobriedad refiere cómo mató a su esposa tras sorprenderla en la cama con su mejor amigo: “(…) y en suma, yo, que no dormía, procuré andar al descuido con cuidado, hasta que su fortuna los trajo que los cogí juntos una mañana, y se murieron. Téngalos Dios en el cielo si en aquel trance se arrepintieron.” (p. 159). Pero, por encima de todo, con independencia de su probable intención memorialista o reivindicativa en origen, al margen del indudable valor histórico y documental que ahora tiene, la Vida del capitán Contreras es una gran novela, un entretenidísimo relato de aventuras que ya tocaba recuperar de nuevo.ANTONIO IRIARTECuadernos Hispanoamericanos, n. 697-698, julio-agosto de 2008
[Vicente Carducci, Batalla de Fleurus] XVIINo conozco personalmente al escritor Javier Marías, colaborador brillante de este periódico. Sé de él por lo que hace. Hace unas semanas recibí uno de los libros que edita, con la devoción que otros reservan a sus amantes o a sus gatos, bajo el sello Reino de Redonda. Se trababa de un clásico, el Discurso de mi vida, del soldado Alonso de Contreras, titulado ahora Vida de este capitán. Marías había escrito a mano mi dirección (esto es una certeza moral, porque ignoro su caligrafía), y daba como remite su domicilio privado. El detalle me pareció importante. Por Contreras y por su siglo, el XVII, del que heredamos las nociones modernas de ciencia y de tolerancia, un sano relativismo y, sobre todo, la supremacía del individuo. Aquél fue un siglo de turbulencias y fanatismos; fue, a la vez, el primer estallido de libertad en más de mil años.Quizá fue su amigo Lope de Vega quien aconsejó al capitán Alonso de Contreras que redactara sus memorias. Contreras, que se llamaba en realidad Alonso de Guillén Contreras, tenía un carácter sulfúrico. Hacia los 12 años mató a cuchilladas a un compañero de estudios, a los 15 combatía ya en Flandes, capitaneó naves bajo la bandera de la Orden de San Juan y como corsario vivió una enorme cantidad de aventuras y aprendió a escribir con un desaliño brillante. Cuando su mujer le traicionó con su mejor amigo, los mató a los dos. Véase con qué elegante elipsis (toda elipsis es cínica) describe el suceso: "Procuré andar al descuido con cuidado, hasta que su fortuna los trajo a que los cogí juntos una mañana y se murieron. Téngalos Dios en el cielo si en aquel trance se arrepintieron. Las circunstancias son muchas y esto lo escribo de mala gana".Aquel soldado, uno de los modelos del Alatriste de Pérez-Reverte (aparece como secundario en la saga), tal vez llegó a coincidir en algún sitio con Miguel de Cervantes. Vivió en un tiempo de gigantes: Shakespeare, Spinoza, Locke, Hobbes. Mientras Contreras se fatigaba batallando contra el turco, en Holanda se construía el primer microscopio y faltaba poco para que Newton dictara las leyes de la gravedad. Las guerras de religión se agotaban, y empezaban a surgir los signos de la libertad del ciudadano europeo: la paz de Westfalia, el hábeas corpus, la Declaración de Derechos. El poder, perdido su origen divino, se redujo a una convención como cualquier otra. El esclavismo disfrutaba de una edad de oro, y la igualdad entre los sexos resultaba inconcebible; la gran emancipación, la que nos liberó del Dios totalitario y de sus delegados terrenales, estaba sin embargo en marcha.Soldados de fortuna como Contreras difundieron el nuevo espíritu. Viajaban, cambiaban de bandera y de idioma, se contagiaban de una libertad áspera y primigenia.Las ideas se guardan en los libros, pero viven en el aire, impregnando la voluntad de los hombres. Contreras, que nunca supo de Spinoza (nadie sabía de Spinoza, más allá de sus vecinos) y que aceptaba con naturalidad ciertas prácticas medievales (fue sometido a tormento para que confesara su inexistente complicidad con una revuelta morisca), pensaba como un hombre moderno. Es decir, como un individuo libre. Hacía su apuesta cotidiana contra la fortuna, y aceptaba de forma responsable, sin escudarse en designios divinos, el éxito y la desgracia. Aquellos soldados puteros, jugadores y violentos, arquetipo del pícaro, fueron los primeros huérfanos de Dios. Fueron los primeros en percibir, de forma muy vaga, que nacían y morían solos. Y que podían (y debían) arreglárselas por su cuenta.Alonso de Contreras, y sus contemporáneos del XVII, fueron los primeros, desde la remota antigüedad ateniense, en decir "yo" con todas sus consecuencias.Por eso me pareció importante que Javier Marías rotulara a mano el sobre, pegara el sello y metiera dentro el libro. Era la forma más simple de decir "yo", y de honrar la obra que editaba. Podría ser que todas esas labores postales las hubiera hecho otro, no Marías. Es posible. Habría sido mezquino por mi parte, creo, realizar comprobaciones antes de ponerme a escribir. ENRIC GONZÁLEZEl País, Domingo, 18 de mayo de 2008Soledad de soldadoEn una fonda italiana, y en 11 días, escribió el capitán Alonso de Contreras (1582-¿1644?) su vida, presentada ahora por Arturo Pérez-Reverte, que hizo a Contreras amigo de Alatriste. "El increíble soldado", le llamó Ortega y Gasset, juzgándolo prototipo del militar del siglo XVII por su autobiografía inverosímil y probablemente verdadera. Contreras cuenta más de treinta años de vida trepidante, hasta 1633, como si en una sobremesa regalara sus anécdotas de muertes, astucias, combates en mares y tabernas, abordajes, toma de fortalezas, secuestros y emboscadas. Fue corsario en el Mediterráneo, "frontera móvil de aventura, horror y prosperidad", explica Pérez-Reverte, y fue famoso: Solimán de Catania colgó el retrato del capitán por los puertos de Levante y Barbería, buscándolo para matarlo.Otros soldados de aquel tiempo escribieron su historia personal como si se tratara de un capítulo heroico de la novela picaresca. Incluso repiten episodios que podrían hacernos pensar en tópicos de una época feroz, que, sin embargo, tenía una concepción retórica de la vida: el crimen como vía hacia la milicia, el asesinato de la mujer amada y su amante, el refugio en la religión. Pero Contreras escribió la autobiografía más palpitante y desnuda. Lo único que tiene suyo el capitán es su sangre limpia, de cristiano viejo y pobre, y su agilidad con la espada y la palabra. Un día de feria falta a la escuela y mata a un compañero. Tira un cántaro a la cabeza de la esposa del platero al que sirve como aprendiz, pues no servirá a nadie que no sea el rey. Soldado, viajará por Italia y Flandes, y quien se aventura lejos de su casa siempre vuelve rico en historias. Jugará y desertará, robará, corsario y piloto en las galeras de Sicilia y Malta, héroe en Levante, contra los turcos. Cobrará "tantas presas que es largo de contar", desde el primer botín, un sombrero lleno de reales, inmediatamente jugados y gastados.Ortega hablaba en 1943 de la vida descoyuntada y el destino espasmódico del capitán Contreras, y descoyuntado y espasmódico fue su mundo, el Mediterráneo, tal como lo describe insuperablemente Pérez-Reverte: "Patio trasero de Oriente y Occidente donde se conocía todo el mundo, recinto interior de potencias ribereñas que allí ajustaron sus cuentas, mezclaron carne, acero, sangres y lenguas, renegando, negociando y al mismo tiempo combatiendo entre sí". No hay guerra de religiones o patrias. Lo mismo son moros que cristianos. Se pelea por vivir. Valor, temple e ingenio son lo único que tiene el soldado, inmensamente solo en su universo violento y populoso. "Nos tenían por hombres sin alma", dice Contreras, orgulloso de haber merecido el amparo y el afecto de sus sucesivos señores. Lo que parece abrigar más al capitán es su hábito de la Orden de San Juan de Jerusalén, a la que también perteneció Lope de Vega, que lo cobijaría en su casa en 1625 y le dedicaría la comedia El rey sin reinoLope oyó las historias que contaba Contreras, y lo juzgó, temido en Turquía y en toda la Berbería, digno de un poema heroico después de haber "librado la vida de tantas pendencias, asaltos, batallas, emboscadas, envidias, desafíos, mares y extrañas tierras, y últimamente de dos venenos". A Contreras lo envenenaba la proximidad de la Corte, hasta la desesperación de herir a un escribano en El Escorial y hacerse ermitaño en el Moncayo. El episodio, excelente, de humor místico, se inicia con la compra de instrumentos para la nueva función del capitán: cilicio, disciplinas, sayal, reloj de sol, libros de penitencia, semillas, azadón y calavera. A fray Alonso de la Madre de Dios, nombre religioso del intrépido capitán, lo salva de terminar haciendo milagros la fabulosa acusación de ser rey de los moriscos. Conforme los sucesos narrados se aproximan al momento en el que fueron escritos, la realidad se vuelve ensoñación, y vemos a Contreras soberano de islas africanas y ciudades de Italia, sospechoso de espionaje en Francia, preso en fuga, excomulgado, adversario del fantasma de sir Walter Raleigh en las Indias, hombre que se reúne con el rey y el Papa, triste pretendiente en la Corte, envenenado en Roma y en Osuna, caído en desgracia de su señor, y siempre ansioso de dignidad.Mientras cuenta desmanes, parece iluminado por el asombro de seguir con vida, hacia adelante: "Yo no podía huir", dice, renegando de la cobardía infame, y obligado a recurrir a la maña muchas veces, "cuando me vi casi perdido". El mayor rufián de España lo consideró alguna autoridad, que quizá presentía su futura leyenda. Benedetto Croce y Leonardo Sciascia han recordado su paso por Nápoles y Sicilia. Su autobiografía es un documento que rompe las ideas recibidas sobre lo que un soldado del Siglo de Oro llegaba a sentir por la patria, España, el altar y el trono.JUSTO NAVARROEl País, Babelia, 17 de mayo de 2008Vida de este capitán
Estas memorias, a salto de mata de un capitán de tiempo de Felipe IV y Olivares, se convirtieron en un clásico de nuestro Siglo de Oro, gracias al estupendo prólogo de Ortega en 1943, en el que el pensador madrileño traza una pimpante semblanza de Lope de Vega, encandilando con las aventuras que de sus propios, labios le refiere el capitán Contreras. Si bien se mira, es una escena tópica de la pintura pompier, un espadachín alardea farruco ante el monstruo de la comedia.Contreras nació en Madrid en 1582, coetáneo de Quevedo, nacido también en Madrid en 1580. Lope era de la cosecha de 1562. “Nos tenían por hombres sin alma”, alardea Contreras de su oficio mercenario, digamos un pirata al servicio del virrey de Nápoles. Ser un desalmado era como ser un orco, un apestado social, en una España con dos caras. Por un lado la Corte puritana de un rey libertino, Felipe IV, y por otro la Armada y los Tercios de Olivares, plagada de canallesca pura y dura. Se ha dicho que la novela picaresca juega con un oxímoron pueril, ser la confesión de un mentiroso. En este sentido, Contreras miente a rachas y dice la verdad tornasolada o por equivocación, como cada quisque, en el Siglo de Oro, y en el Siglo de Picasso.Lope de Vega tuvo ocho meses a Contreras a cuerpo de rey en su casa de Madrid. Casi un parto, como si el poeta se hubiese quedado preñado por el pico de oro del pirata Contreras. Quizá lo más jugoso del relato, son sus aventuras galantes con las quiracas o fulanas de Malta, y otros devaneos de amor tenoriesco. Todo un personaje, y toda una delicia, sumergirse en la lectura de tan vivaz y relampagueante vida de mosquetero español., 13 de marzo de 2008Aventuras de un soldado de fortunaAlonso Guillén Contreras fue un capitán español, un soldado de fortuna cuando las guerras eran el camino para medrar. Viajó a Nápoles y Sicilia, y de allí a Malta, donde mayor peligro corría frente al avance del turco, pero el sitio idóneo para ganar mucho dinero. Nacido el 6 de enero de 1582, dos años antes de que El Greco pintara El entierro del conde de Orgaz y seis de la derrota de la Armada Invencible, la escala de valores de Contreras no era otra que la del pillo por necesidad, y aunque capitaneaba las huestes católicas, era, como dice Ortega, un hombre sin principios, y sin fines, por eso "dondequiera que pone la planta brota la aventura, el conflicto, el lío, y no puede volver una esquina sin caer en medio de alguna zalagarda que lo obligue, cuando menos, a airear el estoque y acabar entre alguaciles". Un aventurero que escribió su vida como quien redacta un listado de méritos para elevarlo a instancias superiores. Y éste es el valor de unas memorias escuetas, olvidadas en algún estante polvoriento hasta que fueron publicadas en 1900 en el Boletín de La Real Academia de la Historia. Ortega y Gasset las prologó para la reedición que hizo de ellas la Revista de Occidente en 1943, y ahora ven de nuevo la luz publicadas por Javier Marías en la Biblioteca del Reino de Redonda. Contreras pasea por estas páginas sus faenas y andanzas, y sorprende al lector con una revelación insólita cuando relata cómo Lope de Vega le acogió en su casa durante ocho meses. ¿Cuántas novelas inspiraría a su anfitrión?JULIA LUZÁNEl País Semanal (Libros), 30 de marzo de 2008
Vida de este capitánComo saben los veteranos de esta página, Javier Marías y el arriba firmante tenemos una vieja relación fraguada en XL Semanal antes de que él se trasladara con la tecla a otra latitud y longitud. De esa amistad proviene mi título de fencing master de la pintoresca corte de Redonda; de la que Javier tuvo a bien honrarme, en su momento, con el no menos pintoresco título de duque de Corso, que cargo con la resignación adecuada y con cuanto garbo puedo. Lo que algunos de esos lectores no saben es que el reino de Redonda también lleva a cabo una singular labor editorial, rescatando libros interesantes y raros, difíciles de encontrar en el mercado editorial español. Diremos en honor de mi compadre que editar esos libros le cuesta un huevo de la cara, pues las ventas nunca compensan los gastos. Pero cada cual tiene sus oscuras pasiones. Otros invierten en la Bolsa, coleccionan patos de Lladró, o se van de putas.Es el caso que hoy no tengo más remedio que darle cuartelillo en esta página, por la cara, a la editorial del reino de Redonda, porque el maldito perro inglés me ha liado con uno de tales libros, pidiéndome el prólogo. Casi nunca hago eso –non sum dignus de tales jardines, y doctores tiene la Iglesia–, excepto cuando se trata de un amigo íntimo que me pone entre la espalda y la pared, como dirían algunos de los muchos analfabetos que viven –de modo vergonzoso, pero como califas– de la política en España. Y esta vez Javier me acorraló sin escapatoria posible: se trataba de prologar, compartiendo papel con el ya clásico ensayo de Ortega y Gasset sobre el personaje en cuestión, la Vida del capitán Alonso de Contreras: uno de mis héroes más conspicuos desde que me asomé, por primera vez, a su fascinante, aventurera y espadachinesca biografía; hasta el punto de que a ese personaje –entre muchos otros hombres y libros, cierto, pero a él de modo especial– debe en parte la vida mi viejo amigo Diego Alatriste.Y créanme, bajo esa palabra de honor a la que, por lo visto, ya nadie acude en nuestra España bajuna y embustera: al mencionar aquí la Vida de este capitán Alonso de Contreras, el favor no se lo hago a quien lo edita, sino a quienes gracias a él podrán leerlo. No por mi prólogo, claro, que resulta perfectamente prescindible, sino por el ensayo de Ortega y, sobre todo, por el texto extraordinario de las memorias del veterano soldado español del siglo XVII: no hay novela de aventuras comparable a esa vida narrada con estremecedora naturalidad, sin asomo de pretensión literaria. Una vida profesional pasada sobre las armas, que constituye, puesta por escrito, un documento único sobre aquel espacio ambiguo e impreciso que fue el Mediterráneo de su tiempo: frontera móvil de aventura, horror y prosperidad, patio trasero de Oriente y Occidente donde se conocía todo el mundo, recinto interior de potencias ribereñas que allí ajustaron cuentas mezclando carne, acero, sangres y lenguas, renegando, negociando y combatiendo entre sí con la tenacidad memoriosa, mestiza y cruel de las viejas razas.De un tirón, el capitán Contreras escribió su vida sin pretensiones de que el laurel de la fama póstuma le adornase el retrato. Era un soldado profesional recordando; nada más. Y esa honradez narrativa resulta lo más asombroso de su historia. Va sin rodeos al grano, describe acciones, temporales, lances de mujeres, peripecias cortesanas, duelos, abordajes, crueldades, venturas y desventuras, con la naturalidad de quien ha hecho de todo eso su vida y oficio, dispuesto a dejar atrás una mezquina y triste patria asfixiada por reyes, nobles y curas; probando suerte en mares azules, bajo cielos luminosos, jugándose el pellejo entre corsarios, renegados, esclavos, soldados, presas y apresadores, con la esperanza de conseguir medro, botines y respeto:«El capitán mandó que todos los heridos subiesen arriba a morir, porque dijo: Señores, a cenar con Cristo o a Constantinopla». Contreras escribe así: escueto y sobrio, sin adornos ni bravuconadas, con espontaneidad y conocimiento íntimo de la materia. Sin adornos. Ninguna aurora de rosáceos dedos, onda azul o espuma nacarada mejoraría su relato breve y simple de un abordaje sangriento al amanecer, del yantar compartido durante una tregua con el turco que mañana será de nuevo enemigo, del lance a cuchilladas en un callejón oscuro. Alonso de Contreras fue un tipo duro en tiempos duros, y su relato resuena en esta España de hoy, tan comedida, prudente y políticamente correcta, como un tiro de arcabuz en mitad de una prédica de san Francisco de Asís. Nos hace reflexionar sobre lo que fuimos, y sobre lo que somos. Nos divierte, nos aterra y nos emociona. Y ésas son razones más que de sobra para leer un buen libro.ARTURO PÉREZ REVERTEXL Semanal, n. 1068, 13 de abril de 2008Sobre el querer y el poderEscribía ayer Relaño que va a ser verdad que podemos. Cuatro goles y un grupo de once hombres brillantes convertidos en un Equipo que no se deja amilanar por (malos) presagios, farios y sombras históricas, aferrándose, en cambio, a su propia voluntad y talento para encarar el destino. Una actitud que me ha hecho pensar en un tipo que hizo eso mismo con su vida hace unos cuantos siglos. Sin duda era "de armas tomar", como lo define Arturo Pérez-Reverte, y vaya si lo fue. Y en el más estricto sentido de la palabra. Finalizaba el siglo XVI, cuando, con doce años, Alonso de Guillén Contreras despacha de unas cuantas cuchilladas a un compañero de clase. Con quince ya está peleando en Flandes. Luego el Mediterráneo se convertirá en su territorio de caza, donde capitaneará naves de la orden de San Juan y luego se empleará como corsario contra el turco, una actividad que bordeaba los límites entre la contienda reglada y el pirateo sin limitaciones.A este carácter poco paciente y proclive a la cólera se le unió una mano ágil y diestra con el acero, como pudieron comprobar su propia mujer y su amante a quienes "... cogí juntos una mañana y se murieron. Téngalos Dios en el cielo si en aquel trance se arrepintieron. Las circunstancias son muchas y esto lo escribo de mala gana". Y es que todas estas peripecias, y muchas otras más, las conocemos no por el relato de un escribano, sino por la propia mano del capitán Contreras. Al escritor Javier Marías y su sello editorial Reino de Redonda nos debemos la oportunidad de acompañar a este soldado en su tumultuosa biografía. Se trata de una reedición de Vida de este capitán de Alonso de Contreras, prologado por Arturo Pérez-Reverte (que lo ha convertido en personaje secundario de su saga sobre el capitán Alatriste), y que también contiene un interesante estudio preliminar de José Ortega y Gasset, quien lo publicó en Revista de Occidente en 1943.Como bien escribe Reverte, Contreras no fue el único soldado que escribió su vida, pero sí el mejor por su sobriedad y falta de pretensión literaria. De esas páginas emerge el relato contundente de alguien que, como señala Ortega, pertenece a una especie única: el soldado. Antes, en la Edad Media, sólo había existido el guerrero, el caballero, y luego vendría el militar. Contreras perteneció a esa máquina de guerra inexorable y feroz como un desastre natural en unos siglos tan terribles como fructíferos. Hay quien, como Enric González, ha querido ver en este relato la biografía del hombre moderno, aquél que enfrenta cada día su fortuna sin echarle la culpa a designios divinos ni hados caprichosos. Tomaban la vida en sus manos y la apuraban hasta el fondo sabiendo que debían arreglárselas por su cuenta pues vivían y morían de igual modo: solos. No deja de ser una interesante reflexión para los que hoy nos representan en los campos de juego.SEBASTIÁN ÁLVARO(Director de Al filo de lo imposible)As, 12 de junio de 2008
domingo, agosto 10, 2008
Los libros que cambiaron la vida a Javier Marías
1. Ricardo III / Macbeth de William Shakespeare.2. Tristram Shandy de Laurence Sterne.3. El corazón de las tinieblas / El espejo del mar de Joseph Conrad4. Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.5. Ensayos de Michel de Montaigne.6. En busca del tiempo perdido de Marcel Proust.7. Elegías de Duino de Rainer Maria Rilke.8. Cuentos completos de Henry James.9. La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson.10. La caída de Constantinopla 1453de Sir Steven Runciman. Cien escritores en español eligen los 100 libros que cambiaron su vidaLista completaEl País Semanal, 10 de agosto de 2008viernes, agosto 08, 2008
Javier Marías, premio José Donoso de Literatura
La noticia de la concesión del premio José Donoso -el premio literario internacional más importante que tiene Chile- a Javier Marías no debería sorprender a nadie. Si pensamos sólo en narradores, Marías se encuentra, junto a Juan Goytisolo, Juan Marsé y Enrique Vila-Matas, entre los grandes indiscutibles de la literatura española contemporánea. De los cuatro, Marías es el que ha logrado trascender más en su impacto fuera de las fronteras de España. Su obra ha sido traducida a treinta y cuatro idiomas, ha vendido casi cinco millones de ejemplares, y ha ganado premios del nivel del IMPAC. Javier Marías ha construido un mundo narrativo muy complejo que tiene la virtud de convocar a nombres centrales de la literatura universal -Shakespeare, Cervantes, Sterne, Henry James, Proust- sin por ello palidecer en la comparación, o desaparecer bajo el peso de influencias tan peligrosas (no es fácil buscar emparentarse con Shakespeare y vivir luego para contarlo). En Marías, el mundo importa a partir de sus narradores, y también, cada vez más, a partir de quienes escuchan las narraciones. Narrar es peligroso, la narración es un "cerco de sangre" que no desaparece de nosotros, un veneno para el que no hay antídoto. La prosa sinuosa de Marías, muy consciente de sí misma, es una puesta en escena formal de aquello que predica: pocas cosas hay en la ficción de nuestros días que sean más encantatorias que las voces de los narradores de Marías. O mejor, la voz del narrador, porque siempre parece ser el mismo: un ser dubitativo, oscilante, puntillista, cuya gran aventura es la del intelecto, pues todo pasa por su cabeza, todo repercute, todo reverbera en él. Un ser que sabe que el tiempo avanza y quisiera ampliar la narración del instante antes de la llegada inevitable de la "difuminación" (si Proust busca recuperar ese tiempo ya avanzado, Marías sabe que eso es imposible: al tiempo ya ocurrido no le queda más que la aniquilación).Marías reivindica la novela como el único género artístico verdaderamente capaz de explorar en detalle la subjetividad del ser humano y moverse a sus anchas a través del tiempo y su envés. En la exploración incansable de ese tema, el escritor español ha escrito al menos tres obras maestras: Todas las almas, Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí. A ese conjunto de textos imprescindibles debe agregarse la monumental , una trilogía arriesgada en su voluntad de llevar al extremo su experimentación con el tiempo narrativo y el de la historia, y , ese híbrido de ficción y no ficción inicialmente poco comprendido, que, con el paso de los años, se va revelando como un texto cada vez más importante, un precursor de ciertas tendencias centrales en la narrativa contemporánea. Hay críticos y escritores que son capaces de defender a muerte su Vidas escritas, ese conjunto notable de perfiles de escritores, y, a pesar de la imagen de Marías como un escritor encastillado en su torre de marfil, como articulista se muestra como un agudo y malhumorado) observador de las vidas y costumbres de la sociedad española. En conjunto: se trata de una obra que se merece ampliamente el premio José Donoso.EDMUNDO PAZ SOLDÁNLa Tercera, 8 de agosto 2008 Marías, el apostadorSiempre lo acusaron de escribir para escritores. O de escribir para extranjeros. Javier Marías, al parecer, escribe para todos salvo para esa entelequia que vive en las mentes de algunos críticos: "el lector común". Pero quiénes, sino los lectores, permitieron que el excéntrico muchacho que publicó en 1971 Los dominios del lobo -ese engendro que a muchos en España hizo arrancarse los cabellos porque ahora, al parecer, los jóvenes escribían sobre bandidos anglosajones y le daban la espalda a la Patria- sobreviviera y encontrara editor para sus siguientes libros. Y quiénes sino los lectores lo convirtieron en un inesperado best seller a mediados de los años noventa, cuando Marías encontró su voz en obras maestras como y . Libros, dicho sea de paso, que ya han influido en una o dos generaciones de narradores, sin excluir al que esto firma. (Alguien ha escrito, con razón, que Marías es el primer escritor hispánico desde Borges que no sólo tiene estilo, sino que crea enteramente uno. En verdad, cualquier frase de Marías se deja identificar de inmediato como tal. ¿De cuántos escritores puede decirse lo mismo?).Está bien que Marías haya ganado el Premio José Donoso. A veces los premios sirven para revelar a un desconocido o consagrar a una promesa; claramente, éste no es ninguno de esos dos casos. A veces sirven como elegía o monumento a una obra terminada, cuando el autor acaba de morir o está vivo, pero ya lo ha dado todo. Tampoco es el caso. Pero pueden servir de recordatorio. A mí, personalmente, me gustaría que este premio se subtitulara "A la apuesta redoblada". O "Al riesgo". Porque si Marías hubiera dejado de escribir en 1998, su lugar en la literatura estaría, de todas formas, asegurado. En vez de eso, eligió embarcarse en un proyecto capaz de romperle la espalda a cualquiera. Una trilogía que suma más de mil páginas y que ha salido triunfante de la prueba.Gonzalo GarcésLa Nación (Chile), 7 de agosto de 2008Javier Marías, premio José Donoso de las letras en ChileJavier Marías obtuvo el miércoles, en su octava edición, el Premio José Donoso, que concede la Universidad chilena de Talca a un autor iberoamericano por la calidad y originalidad de su trayectoria. António Lobo Antunes, Ricardo Piglia y José Emilio Pacheco han sido algunos de los escritores galardonados en ediciones anteriores. El jurado se decantó por unanimidad por Marías, primer español que recibe este premio, dotado con 16.200 euros.Contento por saber que su obra es valorada en un país latinoamericano, "donde no siempre hay interés por lo que se escribe en España", Marías dijo ayer que conoció a Donoso (1924-1996) cuando residió en Madrid y que valora mucho novelas suyas como El lugar sin límites, El obsceno pájaro de la nocheCasa de campo. "Cuando se publicó esta última en 1978, Donoso me invitó a presentarla con otros, entonces jóvenes, escritores españoles", recordó el autor de , que celebró también que el premio proceda de un país de rica tradición literaria. Y se refirió, al margen de sus clásicos, a dos autores que respeta mucho, Roberto Bolaño y Francisco Coloane.El País, 8 de agosto de 2008miércoles, agosto 06, 2008
Javier Marías gana el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso
El escritor español Javier Marías fue galardonado hoy con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, que concede desde el 2001 la Universidad chilena de Talca.Javier Marías fue designado por unanimidad del jurado, que reconoció “el trabajo de una vida entregada a la literatura” por parte del autor de Los dominios del loboEl premio, que es auspiciado por el Banco Santander Chile, está dotado con 20.000 dólares (unos 13.000 euros), una medalla y un diploma que serán entregados al escritor durante el próximo año.El escritor, al ser informado por llamada telefónica al lugar donde se encontraba de vacaciones, agradeció el reconocimiento y se manifestó contento por el galardón. ”Me causa mucho placer recibir un premio desde un lugar tan lejano porque cuando uno escribe, en realidad, no sabes quién lo va a leer”, dijo Marías.Y agregó: “cuando uno escribe no se puede imaginar que lo van a leer en su propio país o ciudad, el hecho de saber que en un país tan lejano como Chile se conoce, eso me causa mucho placer”.Javier Marías aseguró tener “un buen recuerdo” de José Donoso, ya que tuvo la oportunidad de conocerlo en persona, cuando el chileno le pidió en Madrid que presentara su libro Casa de campo, obra admirada por el español.Nacido en Madrid en 1951, Marías se ha destacado por sus obras narrativas como Todas las almas, Tu rostro mañana, Negra espalda del tiempo y , entre otras. También ha destacado por sus traducciones, ensayos y artículos periodísticos.Según el jurado, Marías en todas su obras “manifiesta la maestría del manejo del idioma a través de una escritura crítica, inteligente, seductora, que atrapa al lector en sus asedios a la condición humana, desde la paradoja, la conjetura, la ternura, el humor y la poesía”.Destaca asimismo que “el compromiso crítico con la memoria histórica y el carácter ensayístico y ético de sus novelas contribuyen a la singularidad de su escritura universal, y le convierten en un referente imprescindible de las letras actuales”.“Según nuestros criterios, Marías era el que más se adhería, además es un escritor conocido internacionalmente, tiene un intimismo en su obra muy interesante, tiene una proyección universal que hace que los lectores se compenetren y se identifiquen con el narrador”, dijo a Efe Domenico Antonio Cusato, jurado proveniente de la Universidad italiana de Catania.En tanto, Selena Millares, jurado de la Universidad de Madrid, afirmó que “no hubo discrepancia al elegir a un autor que es esencial para las letras actuales, que es conocido, que tiene proyección en el espacio actual y una cierta sintonía con la propuesta narrativa de José Donoso”. “No había la menor duda para los jurados que él iba a ser elegido”, subrayó Millares.Además de Domenico Cusato y Selena Millares, el jurado lo integraron Sussane Klengel de la Universidad Mainz de Alemania, María de las Nieves Alonso, profesora de la Universidad de Concepción, de Chile y el escritor chileno Roberto Merino.El premio José Donoso fue instituido por la Universidad de Talca, ciudad natal del escritor chileno (1924-1996), para perpetuar la memoria del autor de El lugar sin límites y su vinculación a esa región de Chile, 250 kilómetros al sur de Santiago.Los anteriores ganadores fueron el mexicano José Emilio Pacheco (2001), la argentina Beatriz Sarlo (2002), la chilena Isabel Allende (2003), el peruano Antonio Cisneros (2004), el argentino Ricardo Piglia (2005), el portugués António Lobo Antunes (2006) y el cubano Miguel Barnet (2007).Terra, 6 de agosto de 2008
domingo, agosto 03, 2008
Fotos y vídeos de las ponencias de Javier Marías y Elide Pittarello en "Lecciones y Maestros"
- Luis Landero y Javier Marías, finalistas, entre ot...
- Javier Marías: «Todos sabemos el nombre de aquello...
- LA ZONA FANTASMA. 26 de octubre de 2008. Relamiénd...
- Javier Marías en Murcia
- LA ZONA FANTASMA . 19 de octubre de 2008. Cómo se ...
- Fernando Valls opina sobre el Premio Nacional de N...
- LA ZONA FANTASMA. 12 de octubre de 2008. Figuracio...
- RABIH ALAMEDDINE: "Mi dios, Javier Marías"
- A la búsqueda de los intelectuales más influyentes...
jueves, noviembre 27, 2008
El blog se muda
a esta nueva dirección:en Wordpress, con nuevo diseño, categorías para los post y más...
domingo, noviembre 23, 2008
LA ZONA FANTASMA. 23 de noviembre de 2008. Hacia la fosilización
El Profesor Francisco Rico, hombre muy salado y de gran saber, es uno de los amigos que más me insiste en que me pase "de una puta vez" -con frecuencia es malhablado, por juego- al ordenador y al e-mail. No es el único, sin embargo, y también son numerosos los desconocidos que se permiten recomendarme lo mismo, por suerte sin tacos por medio.A estas alturas casi nadie comprende mi resistencia y cada vez se me mira más como a un fósil, con creciente motivo, supongo: la máquina de escribir electrónica que llevo años empleando, una Olympia modelo Carrera de Luxe, ha dejado de fabricarse, y, tras jubilar la última, a la que di un tute monstruoso durante la escritura de mi novela de mil seiscientas páginas Tu rostro mañana, no parece haber forma de sustituirla, pese a mis pesquisas, las de mis editores, las de mi agente literaria y las de una amable y sagaz procuradora llamada Reyes Pinzás, que es quien se está acercando más al objetivo. Si la cosa no se remedia, tendré que pasarme a otro modelo. Pero ya preveo que de aquí a unos años es posible que todos se hayan retirado del mercado.No crean que no he probado a teclear en un ordenador. No me gusta y me resulta incómodo, en contra de lo que le pasa a todo el mundo (soy un anormal). Además, me molesta no escribir sobre papel y no poder hacer sobre él tachaduras, llaves, flechas y garabatos al corregir a mano -todo queda a la vista, y se puede restituir fácilmente lo escrito de entrada, lo cual no es nada raro-. Pero, sobre todo, si algo me reafirma en mi resistencia son las variadas tragedias de que me llegan noticia: virus criminales, amenazas a la privacidad, pérdidas de textos por descuido, ordenadores que se quedan muertos durante días y que no hay forma de reanimar hasta que aparece un experto y aun así; y, lo peor de todo, los e-mails. Hace un par de meses este diario sacó un reportaje de Javier Martín, titulado "Angustiados por el e-mail", en el que daba cuenta de la fuente de infelicidad permanente en que este medio se ha convertido, hasta el punto de que la Facultad de Psiquiatría de Londres ya ha bautizado la dolencia como "infomanía" y algunos psiquiatras norteamericanos piden que sus síntomas se incluyan oficialmente en el Manual de Desórdenes Mentales. Me imagino que los aquejados son los que hacen mal uso de algo en sí mismo neutro -como sucede con casi cualquier adicción-, pero da la impresión de que apenas queda nadie que sepa o pueda hacer buen uso, dado el alud de correos electrónicos que recibe todo el mundo, independientemente de su importancia o sus responsabilidades. Lo normal es que cada trabajador emplee entre una y tres horas diarias en leerlos, atenderlos y responderlos, y lo más grave es que, por muy diligente que sea y mucho atracón que se dé, jamás tiene la sensación de haberlo despachado todo y haber dejado limpio su e-mail. Cada contestación suya le trae por norma otra de la persona a quien se la mandó, fuera esta última necesaria o no, y las nuevas solicitaciones siguen entrando sin parar. Es una tarea de Sísifo (ya saben o quizá ya no saben, aquel Rey de Corinto tan astuto que hasta logró encadenar a la Muerte cuando vino por él, impidiendo de paso que durante un breve periodo muriera nadie, y que luego, en el Hades, fue condenado a subir una gigantesca piedra hasta la cima de una colina para, una vez alcanzada la meta, verla rodar cuesta abajo y volver a empezar el fatigoso ascenso, y así eternamente), que crea en los trabajadores la desagradable psicosis de haberse deslomado para no terminar nunca nada y tener siempre algo pendiente.Según una consultora norteamericana, los trabajadores de su país son interrumpidos una media de once veces por hora -aquí se incluyen las llamadas telefónicas y las distracciones de los compañeros, pero la mayoría se deben al dichoso e-mail-, lo cual significa ochenta y ocho veces por jornada y una cada menos de seis minutos, algo pésimo para la eficacia y la concentración. Este descentramiento perpetuo, está comprobado, hace que el trabajador cometa muchos más errores, lo cual multiplica a su vez el número de comunicaciones para rectificar y deshacer entuertos. Sin apenas exagerar, se puede decir que nadie hace ya su trabajo o que el tiempo se nos va en "prepararnos" para hacerlo y en quitarnos de en medio obstáculos para su realización. Y a esto se suma la parte de vicio, adicción, enganche, pavor a estar solo, pánico a pensar o como quieran llamarlo: con las blackberries que la gente lleva encima, resulta que el correo electrónico es consultado compulsivamente desde cualquier lugar: el 53% de los norteamericanos lo mira en la cama, el 37% en el cuarto de baño, el 12% en la iglesia, el 43% nada más levantarse y el 40% en mitad de la noche, para lo que muchos se despiertan con el corazón palpitante y pierden horas de sueño.No dudo de las extraordinarias ventajas del ordenador y el e-mail, pero, francamente, no me compensan respecto a sus innegables riesgos y servidumbres. Si a mí se me interrumpiera cada seis minutos mientras estoy escribiendo, me rendiría a diario y me pasaría una jornada tras otra sin añadir una línea y pensando: "A ver si mañana tengo el día más despejado", y así hasta el de mi muerte, seguro. En una palabra, sé que sería incapaz de escribir una novela más. Lo cual, por otra parte, les parecería de perlas a unos cuantos. La verdad es que sería una buena obra, tranquilizarlos.El País Semanal, 23 de noviembre de 2008
sábado, noviembre 22, 2008
SILLÓN DE OREJAS. Joyas de biblioteca
A pesar de tener la casa forrada de libros -o, probablemente, a causa de ello- nunca me he considerado un bibliófilo. Salvo una remota edición de The Sound and the Fury adquirida en el entusiasmo de una peregrinación a Oxford, Misisipi (cuya transcripción literaria, si es que a alguien interesa, puede leerse en Si yo amaneciera otra vez, Alfaguara, un volumen de homenaje a Faulkner en el que figura por hospitalidad de Javier Marías), y primeras ediciones de valor sobrevenido (adquiridas hace muchos años y que el paso del tiempo ha convertido en tesoros que no aprecio), siempre he considerado los libros como herramientas transitivas y funcionales. Procuro cuidarlos para que duren tanto como yo, pero no les saco brillo, ni los expongo tras una vitrina. Los abro el máximo que permite su sencilla y eficacísima arquitectura (odio los que se publican fresados y no cosidos), los subrayo sin piedad, me desahogo en sus márgenes -lo que escandaliza a algunos amigos- y los atiborro de papelillos adhesivos para que me sea posible encontrar (pero nunca lo logro) pasajes que me han interesado particularmente, incluso (o sobre todo) en las novelas. Por eso me resulta extraño contemplar esas impolutas bibliotecas en que los libros -que, me consta, han sido leídos por sus dueños- parecen tan vírgenes como cuando estaban intonsos. Tampoco entiendo muy bien el pago de sumas exorbitantes por primeras ediciones modernas que carecen del valor añadido de primorosas encuadernaciones llevadas a cabo por artesanos semidivinos del pasado. Descubro, por ejemplo, en el catálogo de la librería Sotheran's, de Sackville Street, una primera edición de la primera novela de James Bond (Casino Royale), publicada por Jonathan Cape en 1953, y cuyo ejemplar es más valioso a causa de una dedicatoria autógrafa del autor a una amiga que le inspiró el personaje de Vesper Lynd, que en la ficción es la amante del agente. Ignoro el anticipo que Ian Fleming cobraría por ella, pero supongo que sería bastante menos de las 27.500 libras (33.900 euros) que pide el librero (o, más bien, joyero de libros), a pesar de que el volumen presenta "una pequeña mancha parda en la esquina inferior de las últimas 35 hojas", qué pena. Ya puestos a comprar joyas británicas recomiendo a quien pueda permitírselo (yo no, y créanme que lo lamento) alguna de esas elegantes, extrañas, intensas alhajas de oro mate y motivos difusamente industriales diseñadas por Anthony Caro. Yo las descubrí en Grassy (en exposición hasta el 15 de diciembre) gracias al aviso de Ángeles Jiménez Cervantes (una joya con rostro humano). Y no son más caras que la novela de Fleming.El País, Babelia, 22 de noviembre de 2008
viernes, noviembre 21, 2008
El tiempo que vuelve
El Diario de Cádiz, 20 de noviembre de 2008
miércoles, noviembre 19, 2008